22 de oct de 2017

*A unir fuerzas y oraciones.

Tiempos muy complicados los que hoy estamos viviendo los mexicanos a raíz de los temblores ocurridos, dos de los cuales el 7 y el 19 de septiem


Por OFICINA | martes 26 de septiembre del 2017 , 04:22 p.m.

Tiempos muy complicados los que hoy estamos viviendo los mexicanos a raíz de los temblores ocurridos, dos de los cuales el 7 y el 19 de septiembre han dejado una estela de muerte, tristeza  y desolación en varios estados incluyendo la propia capital del país.

El  primero del día jueves casi a la media noche, causó mayores daños y muertes en Juchitán en Oaxaca con secuelas también  muy importantes principalmente en Puebla y el otro pasado el  mediodía del martes 19 de septiembre con una intensidad de 7.1 grados, que ha dejado centenares de muertos en Morelos, Estado de México, Puebla y principalmente en la Ciudad de México.

Por fortuna para los que nacimos y vivimos en tierras hidalguenses los movimientos telúricos no han ido más allá del miedo y la preocupación para nosotros, por lo que sucede en otras tierras a causa de  los mismos eventos naturales. No se tiene conocimiento de algún deceso en la entidad  por estas causas, sin embargo la  tristeza que a muchos nos embarga no ha sido menor, además claro del miedo que en muchos se convierte en pánico al vivir momentos que se hacen eternos cuando la tierra se cimbra.

Este tipo de eventos de la naturaleza ha servido para dejar en claro la solidaridad  que siempre ha distinguido a todos los mexicanos, pues a través de los medios de comunicación vemos de la ayuda que se ha prestado a nuestros hermanos en desgracia, pero que tristemente dada la magnitud de lo ocurrido, se sabe de necesidades que de plano no han podido ser atendidas al cien por ciento.

Pero además de la ayuda de cientos, de miles, de mujeres y hombres  de todos los niveles sociales, económicos y filiaciones religiosas y políticas, también del extranjero nuestro país ha recibido un gran  apoyo de naciones tan poderosas como Estados Unidos y hasta de países más pobres como Honduras o Nicaragua.

Con todo y que  recordamos muy bien el terremoto de 1985, entonces de 28 años, esta vez debo reconocer que el impacto es mayor aun y cuando las consecuencias puedan ser menores, pero sin duda tan tristes, impactantes y dolorosas como hace 32 años. Hoy las noticias de lo que ocurre se trasmiten casi al mismo tiempo de los hechos con las ventajas (y desventajas) que esto significa.

Los días posteriores al fatídico 19 de septiembre han sido de enorme pesadumbre al saber de cientos de muertos  que desafortunadamente es mucho mayor a los 300 que oficialmente  reportaban  cuatro días después del  temblor. Y al conocer historias de gente que bajo toneladas de escombros no pudo ser rescatada con vida  y enterarse hasta de casos  como el de Frida Sofía en el colegio Enrique Rébsamen,  asunto  que más vale dejar en el olvido.

 Hoy la actuación de nuestros gobernantes nos parece que ha sido la más adecuada a diferencia de Miguel de la Madrid de hace tres decenios cuando de entrada rechazó la ayuda internacional. Desde el principio el presidente Peña ha estado al pendiente. A los pocos minutos después del sismo de la media noche se le vio en las redes sociales.

Cuando el segundo  temblor  EPN estaba llegando por aire a Oaxaca a supervisar  las acciones de ayuda a nuestros hermanos, se sabe que ni siquiera aterrizó sino que regresó de inmediato a la ciudad de México.  Claro, no falta  quienes  con todo  eso lo acusan  hasta de ser el culpable de los movimientos telúricos.

Y es que esa actitud de quienes están  en contra de todo y a favor de nada que huela a gobierno,  de cierta forma es consecuencia del hastío  de la clase política, fundamentalmente por los incontables casos de corrupción e impunidad que vemos en la diaria  ”tarea”  de la gran mayoría de políticos en este México nuestro.

Pero  al margen de algunos malos mexicanos como los referidos o como quienes aprovechándose de la ocasión han obtenido algún beneficio económico o  gente que  en medio del caos vehicular han asaltado a algunos automovilistas, la gran mayoría ha respondido con creces y ciertamente como le  hemos escuchado en muchas ocasiones a un amigo: “En México todavía somos más los buenos”.

Es inevitable que estos hechos naturales impacten en el ámbito político. Por ejemplo en una actitud apropiada, el jefe de gobierno en  la CDMX  ya anunció que no va a solicitar licencia como lo había anticipado, para buscar la candidatura presidencial. Mancera asume su compromiso de atender al cien por ciento la emergencia que viven los capitalinos.

Por otro lado, el Partido Revolucionario  Institucional  ya  anunció que renuncia al 25 por ciento del financiamiento que  como tal le otorga el INE para destinar esos 258 millones de pesos a apoyar a los mexicanos afectados por los temblores. Claro, el hecho también podría ser materia de críticas,  pero a final de cuentas lo importante es que  la gente cuente con recursos para paliar en parte la desgracia sufrida.

Al margen que ahora también otros partidos políticos anuncien lo propio como el PRI,  ojalá que personajes que  hoy viven  en medio de los grandes sueldos que les otorga el gobierno – hoy aquí no discutimos si lo merecen o no- también hagan sus aportaciones para esta causa. Nos referimos a senadores, diputados,  funcionarios federales y estatales, ministros, magistrados y tantos más cuyas percepciones son de verdad altas, insultantes pues. 

Y como decíamos que la catástrofe ocurrida no está al margen de la cuestión política –por más que así lo queramos-  es sin duda una buena ocasión para que el gobierno que en México todavía encabeza Enrique Peña Nieto, se conduzca con atingencia y  sensibilidad y recupere aunque sea en parte la aceptación de millones de mexicanos que en su momento votamos para que él ganara.

Por mientras  esto ocurre la convocatoria  urgente es sumarnos a esta causa, de ayudar en la medida de nuestra posibilidades físicas, económicas, laborales y hasta  de conocimientos  a salir pronto de esta emergencia nacional que hoy vivimos los mexicanos. Y es que por más pobres que seamos por ejemplo, podemos ayudar físicamente a repartir alimentos digamos. Todas las tareas son importantes y todas son necesarias.

Un estimado amigo cuya situación económica es boyante se disculpaba de no acudir a las  labores de rescate por su complicada agenda, pero lo vimos extender una buena cantidad de billetes de la más alta denominación para  sumarse a la causa. Creo que es  válido y entendible.

¡Qué prueba más  grande nos pone el poder superior como cada quien lo entienda! Sin embargo los mexicanos no nos vamos a doblegar. Es hora de seguir sumando esfuerzos. Y repito la frase publicada:

¡Vamos México! Mujeres y hombres a unir fuerzas y oraciones. ¡Ahora más que nunca!

Por hoy es todo, nos leemos el próximo miércoles pero… En Confianza.

 

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