12 de dic de 2018

*SÍNDROME DE INDEFENSIÓN ADQUIRIDA: UNA CONSECUENCIA DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

Por: María Camila Tabares Marín   Las mujeres que están expuestas durante largos periodos de su vida a situaciones de viol


Por OFICINA | viernes 9 de noviembre del 2018 , 06:44 p.m.

Por: María Camila Tabares Marín

 

Las mujeres que están expuestas durante largos periodos de su vida a situaciones de violencia y mucho más las que continúan viviendo con su agresor, llegan a una etapa en la que ya no saben cómo actuar. Están tan cansadas de resistirse y buscar alternativas, que deciden rendirse y entregarse a la situación.

Este estado, recibe el nombre de “Síndrome de indefensión adquirida” y habla del punto en el que la mujer cree que ya no tiene control sobre su situación y que cualquier cosa que haga carece de sentido.

El factor más complejo es que como la víctima ya no pone resistencia a la violencia, se vuelve sumisa y su grado de tolerancia sigue aumentando. Por lo que existe un gran riesgo de que los niveles de violencia también aumenten. Es decir, la mujer termina naturalizando su situación.

La violencia como fenómeno de sometimiento, control y poder sobre la otra persona, constituye una transgresión a la libertad y a la autonomía de las mujeres que la padecen. Pero una vez adquirido el Síndrome de indefensión aprendida, se está afectando más que algo físico o patrimonial, la mente y la consciencia.

Se trata pues, de una adaptación psicológica a un entorno dañino con el fin de soportar el dolor y que se manifiesta en una incapacidad de reaccionar para la defensa propia.  Esta situación sin duda, provoca un deterioro psicológico de las mujeres. Y por eso en estos casos, no basta sólo con que la mujer decida salir de su ciclo de violencia, sino del acompañamiento de expertos para recuperar el escalón perdido en su mente.

El reto de las y los profesionales y en general de cualquier persona que atiende mujeres víctimas de violencia por razones de género, es hacerle ver desde la particularidad de su caso, que lo que está viviendo no es normal ni está obligada a seguirlo viviendo sin poner resistencia.

La indefensión adquirida es una condena para las mujeres maltratadas porque su consciencia se inhibe como resultado del fracaso de todos sus esfuerzos. La clave está entonces, en trabajar sobre su autoestima para que aprendan nuevamente que deben luchar por autocuidado y que pueden vivir de una manera diferente.

En México, el 29% de las mujeres víctimas de violencia por razones de género no denuncia porque al creer que están obligadas a vivir esa situación, pierden sus mecanismos de defensa.

Este síndrome como consecuencia de la violencia de género, es uno de los fenómenos que más laceran el desarrollo personal y social de las mujeres. Millones de mujeres en el mundo viven bajo una situación de inseguridad tal que ya ni con ellas mismas están a salvo.

Otro factor muy complejo que se deriva de esta situación, es que la violencia que ellas viven puede expandirse hacia sus hijas e hijos. En algunos de los casos éstos también se convierten en víctimas y ellas no reaccionan, en otros, son observadores de la violencia que se ejerce sobre la madre.

Esto implica que los niños y niñas normalicen el fenómeno y que vayan aprendiendo el uso y padecimiento de la violencia como mecanismo de interacción social. Si su madre no cuestiona y no reacciona, posiblemente ellos tampoco lo hagan.

Ahora bien, desde el núcleo social es muy importante no juzgar. Las personas suelen creer que las mujeres no quieren salir de su ciclo de violencia o que “ellas tienen la culpa porque se lo aguantan”. Este tipo de actitudes sólo contribuyen al empeoramiento de este síndrome.

La realidad es que las mujeres intentan adaptarse a las condiciones de su agresor, buscando evitar más maltratos. Pero cuando los niveles de violencia se mantienen e incluso aumentan, ellas asumen que lo merecen y su grado de autoestima va en decremento.

El Síndrome de indefensión adquirida también puede generarse como consecuencia  de una confusión mental, debido a una exposición constante a situaciones en las que el agresor pasa de la violencia al afecto y viceversa. En estos casos, se genera una dependencia mayor y se hace más difícil brindar apoyo a las mujeres.

En esta distorsión, las mujeres pierden su identidad y pueden terminar por no saber quiénes son o qué es lo quieren, mucho menos cuándo comenzó todo. En este punto la dimensión de la realidad se pierde y pueden llegar a negar o justificar la violencia que están viviendo.

El apoyo familiar y social es clave para las mujeres maltratadas, puesto que muchas de ellas desarrollan el Síndrome de indefensión aprendida al no contar con redes de apoyo en las que vean una posible solución.

El abandono de este tipo de relaciones abusivas es un proceso para las mujeres. Y como proceso, atraviesa etapas de culpabilidad, miedo e incluso negación. Por eso los esfuerzos deben dirigirse al fortalecimiento de su autoestima y al control de su ansiedad y depresión que podrían surgir como consecuencia del Síndrome de indefensión adquirida.

Como todo lo aprendido, hay posibilidad de desaprenderlo. Las mujeres deben comenzar por recuperar su autonomía psicológica y emocional para después trabajar en su integridad física y su proyecto de vida.

Darles a estas mujeres garantías de seguridad es demostrarles que existen otros escenarios posibles para desarrollarse personal y profesionalmente, de manera que puedan identificar y reaccionar ante futuras situaciones de violencia, sintiendo, pensando y actuando desde el autocuidado y la autoprotección.

Luchar contra el Síndrome de indefensión adquirida nos exige como sociedad, ser redes de apoyo, desestructurar y desnaturalizar las situaciones de violencia, así como acompañar a las mujeres que lo padecen, mostrándoles que tienen las herramientas necesarias para apoderarse de sí mismas.

Del mismo modo, educar en igualdad y perspectiva de género a niñas y niños, para que las mujeres no crezcan con pánico de demostrar su poder y los hombres no abusen del que ya se les da culturalmente.

Y aunque suene utópico, eliminar los estereotipos que reducen a las mujeres a la categoría de objetos, sigue siendo condición imprescindible para que todos y todas entiendan que tienen derecho a vivir una vida libre de violencia. *NI*

 

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