19 de nov de 2018

MUJERES INDÍGENAS, UNA POBLACIÓN DOBLEMENTE VULNERABLE

Por: María Camila Tabares Marín   En el marco de la conmemoración por el día internacional de la mujer indíg


Por OFICINA | viernes 7 de septiembre del 2018 , 07:23 p.m.

Por: María Camila Tabares Marín

 

En el marco de la conmemoración por el día internacional de la mujer indígena, que tiene lugar cada 5 de septiembre, es importante visibilizar y reconocer el esfuerzo individual y colectivo que esta población realiza, así como el legado que han sembrado a nivel social, político y cultural pese a las desigualdades que enfrentan.

La evidencia muestra que existe una deuda histórica con estas mujeres portadoras de herencia cultural y que por lo tanto, existe una necesidad inminente de dirigir la mirada hacia ellas para garantizar un pleno cumplimiento de sus derechos.

Contexto

Esta conmemoración se lleva a cabo desde 1983 y es un homenaje a la indígena peruana Bartolina Sisa, que fue asesinada y descuartizada para esa fecha en el año 1782. Fue una líder que batalló contra la rendición de su pueblo ante los españoles, ejemplo de guerrera, símbolo de resistencia y defensora de sus derechos. Sin embargo fue señalada, maltratada, humillada y despojada.

Actualmente, en Latinoamérica y El Caribe hay 50 millones de indígenas distribuidos en 522 pueblos, según UNICEF. Es decir, un 10% de la población total. De ahí, casi un 60% son mujeres, que como portadoras de cultura y tradición, constituyen un elemento fundamental en la conservación de sus comunidades. Son ellas quienes transmiten los valores de sus pueblos a sus hijos.

Pese a esto, en la mayoría de los pueblos indígenas, las mujeres se encuentran relegadas a las tareas del hogar y no se les permite participar en la toma de decisiones importantes ni acceder a la educación básica.

Según el INEGI, en México hay 6 millones 146 mil mujeres indígenas. De los más de 7 millones de hablantes de lenguas indígenas que hay en el país, el 51.3% son mujeres.

Las mujeres indígenas en México se clasifican como una población doblemente vulnerable y discriminada. Por un lado porque sufren violencia de género y por otro, por su identidad étnica. A esto se le suma un factor socioeconómico, pues se estima que 85 de cada 100 mujeres indígenas viven en la pobreza, de acuerdo con datos estadísticos del INEGI.

Historias de vida

La Doctora Silvia Mendoza es proveniente de la comunidad El Maye, Ixmiquilpan, Hidalgo; y representa una excepción a la regla cultural indígena de que las mujeres tengan que dedicarse a una familia. “Decidí no casarme ni tener hijos más por una cuestión de rebeldía, porque todo el mundo me decía que ese era mi propósito de vida. Hay posibilidades de resignificar la vida sin dejar de ser lo que uno es”.

A Silvia le apasiona la investigación y la ciencia, y ha dedicado gran parte de su vida a adquirir esas herramientas que desde su punto de vista, resultan más difíciles para las mujeres porque están más desprotegidas. “Las mujeres somos transmisoras de conocimientos y saberes, y si no nos dejan estudiar, se empobrece entonces a las siguientes generaciones. La calidad, cantidad y orgullo de transmisión del conocimiento se empobrece cuando las mujeres están limitadas y aisladas”.

En este mismo campo de la academia se desenvuelve la Maestra María de Lourdes Raymundo, cuyo origen  se remonta al Estado de México, en la Comunidad Tlahuica, Loma de Teocaltzingo. Es la séptima de 11 hijos y su relato de vida está marcado desde muy temprana edad, por condiciones de discriminación y desigualdad.

“Yo soy la primera dentro de mi familia que terminó la primaria. Mi papá era alcohólico y violento. Yo estaba en quinto de primaria cuando mi papá me dijo: mañana ya no vas a ir a la escuela o verás cómo te va. Al otro día yo me fui a la escuela y cuando regresé me fue muy mal efectivamente y así todos los días”. De ahí que el indicador de mujeres indígenas analfabetas en México ascienda a un 22.2%, según la Encuesta Intercensal del INEGI 2015.

Este mismo estudio arroja que el 64.7 de las mujeres indígenas de 12 años y más realiza actividades no remuneradas, cifra mayor al porcentaje nacional que se ubica en 62.8%. Es decir, la carga de las actividades no remuneradas recae principalmente en las mujeres. “Ser indígena y ser mujer es complicado. Enfrentamos desigualdades sociales entre la población mestiza y también entre hombres y mujeres. Igual por ser pobres, frente a gente que tiene dinero, haciendo una diferencia por clase social”.

Actualmente, Lourdes es maestra en la Universidad Intercultural de Hidalgo, y tiene claro que el primer paso para desnaturalizar y desestructuralizar la desigualdad existente, es compartir sus conocimientos con sus estudiantes y mantenerse firme en la lucha social. “Hay que hacer un esfuerzo conjunto. Ya empezamos a incursionar en la política y en la academia que también son focos de poder. Estamos haciendo camino para encauzar los procesos”.

Y justamente comprometida con el tema político desde su condición de mujer indígena, trabaja la Licenciada Lucero Ambrosio Cruz, de la comunidad El Deca Cardonal, Hidalgo. Además del Hñähñu y el español habla otros 3 idiomas y asegura que su lucha es por conservar su tradición.

“Venimos de una cultura en la que los hombres son los delegados y las mujeres en casa. Salir como mujer candidata a presentarme en las comunidades es complicado porque hay lugares en los que no hemos tenido la oportunidad de sobresalir como mujeres. Pero es parte de los retos que tenemos que enfrentar. Las personas de repente no creen en ti pero a mí me sigue motivando mostrarle a la juventud que es posible hacer muchas cosas siendo mujer, indígena y madre”.

Para reflexionar

Esta coyuntura permite comprender el reto tan grande que se tiene como sociedad y como gobierno con las mujeres y los pueblos indígenas. Se necesita un esfuerzo conjunto que voltee la mirada hacia esta población y abra mayores oportunidades en todos los ámbitos para ellas.

Como dice la Doctora Mendoza “la cultura no se puede preservar si la gente se sigue muriendo de hambre, si siguen viviendo en condiciones habitacionales lamentables, si no tienen educación ni salud de calidad”. Es decir, se necesita una garantía plena de sus derechos para conservar toda la riqueza de los pueblos indígenas que se enmarca en la diversidad.

En un momento como hoy, en el que las opciones son adaptarse o desaparecer, hay que hacer un compromiso social apoyando a las mujeres indígenas, para que se sientan orgullosas y libres de sus raíces. *NI*

 

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