12 de dic de 2018

*LAS MUJERES MEXICANAS EN EL ÁREA RURAL.

Por: María Camila Tabares Marín El mundo tiene una representación femenina del 43% en la mano de obra agrícola. Sin embar


Por OFICINA | viernes 30 de noviembre del 2018 , 07:16 p.m.

Por: María Camila Tabares Marín

El mundo tiene una representación femenina del 43% en la mano de obra agrícola. Sin embargo, no se ha puesto la atención necesaria en este sector para garantizar su acceso a todos los servicios, lo que tiene repercusiones directas en las actividades cotidianas de las mujeres y por supuesto, en su calidad de vida.

El deterioro económico del sector agrícola, la sobre-explotación de los productos y la llegada de grandes empresas que debilitan a los pequeños productores, han recargado a la mujer campesina de múltiples tareas, que en muchas ocasiones incluyen un trabajo agrícola no remunerado.

En México, según el INEGI, son más de 472 mil las mujeres que participan en la producción de café, frijol, maíz, sorgo, hortalizas y frutos, entre otros. Además, ocupan el mayor porcentaje de producción en el campo, en la mayoría de municipios del país.

Esto, porque además de cultivar la tierra, muchas de ellas se dedican a la recolección de leña, agua, frutos u otros productos para la manutención de sus hogares. Sin mencionar a las que utilizan sus cultivos para la medicina tradicional.

Sin embargo, las mujeres campesinas se encuentran en desventaja por diversas razones, una de las principales es que no son propietarias de las tierras que cultivan, lo que les impide tomar decisiones de producción y comercialización de los productos.

En este sentido, las mayores condiciones de desigualdad y que sin duda aumentan la brecha social entre las mujeres del campo y las del área urbana, son las posibilidades de acceso a una educación digna y completa, a escenarios laborales que reconozcan y paguen debidamente su trabajo, así como a tecnologías modernas que puedan eficientar sus labores y a créditos que les permitan un mejor desarrollo laboral, personal y familiar.

En el México rural, según el INEGI, sólo el 4.3% recibe entre 3 y 10 salarios mínimos (de 15 a 50 dólares por día). Del Total de mujeres agricultoras, un 15% de ellas recibe un salario mínimo (aproximadamente cinco dólares por día); el 29% entre uno y tres salarios mínimos, (entre 5 y 15 dólares por  día); mientras que casi el 50% de las mujeres que trabajan en el campo (46.3%) no reciben ingreso alguno por su trabajo.

Esto significa que son casi 42 mil mujeres las que se dedican a la agricultura, ganadería, aprovechamiento forestal, caza y pesca, las que no reciben ingreso alguno por su trabajo. Además, apenas un 1.3% de ellas logra acceder a una jubilación o a una pensión.

Es por esto que las mujeres del campo organizan su economía casi siempre a pequeña escala con cortos objetivos de alcance. Las que son dueñas de las tierras cuentan con un capital muy básico y las que no, son consideradas trabajadoras del hogar no remuneradas.

De acuerdo con el INEGI, el promedio mensual de ingresos de las mujeres rurales que reciben una paga, es de mil 209 pesos, más de mil 700 pesos por debajo de las mujeres del área urbana.

Esto, sumado a la carga de trabajo que implica ser una mujer del campo (tienen además responsabilidades en el hogar y en sus comunidades), ha hecho que muchas de ellas migren a las ciudades a conseguir trabajos mejor remunerados para sostener a sus familias o dar una mejor contribución con sus parejas. Es decir, su razón de ser original como productoras agropecuarias se está perdiendo.

Como consecuencia, la economía campesina podría entrar en crisis. Las mujeres tienen un papel fundamental, no sólo como proveedoras en sus hogares, sino como encargadas de la alimentación y educación de sus hijos. Por eso se necesitan programas que las apoyen para el crecimiento de sus cultivos, mientras puedan quedarse a cargo de sus familias.

De acuerdo con un estudio realizado por el INEGI sobre las mujeres del México rural, este contexto económico y social tan complejo en las zonas rurales de México ha modificado la organización doméstica familiar. Entre la migración, los cambios en la estructura de los hogares y la incorporación de un mayor número de miembros al trabajo remunerado, ahora un 64% de hogares rurales cuentan con ingresos provenientes de mujeres y 12.5% sólo tiene ingresos femeninos.

Las mujeres del México rural no necesitan una atención asistencialista porque esto aumenta sus niveles de marginación. Lo que requieren es vincularse a proyectos de desarrollo rural sustentable que apoyen su microeconomía y que las capaciten para mejorar sus labores.

De este modo, el acceso a la educación también es fundamental para las mujeres del campo. La educación les permitirá tener mayor control sobre el desarrollo económico de sus productos, e incluso, les dará herramientas para empoderarse y emprender sus propios negocios si es que todavía no los tienen.

Se requiere entonces el impulso de proyectos productivos que puedan estar encabezados por mujeres, y que tengan como objetivo reconocer el trabajo de las mujeres del México rural y mejorar su economía.

Las mujeres del México rural son otro rostro del campo mexicano, porque la agricultura también es un asunto de mujeres. Su trabajo y esfuerzo se suman para para contribuir al desarrollo del país y para ser ventaja en el mercado nacional y global por la calidad de los productos. Es hora de aportar también a su desarrollo con políticas efectivas.

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El 24 y 25 de noviembre se realizó en Tula la 3ª Expo Agropecuaria, que tuvo como objetivo vincular a las y los productores del campo con proveedores y con el público en general. Se presentaron proyectos de capacitación, alimentos, plantas y diversos productos orgánicos de emprendimiento local.

Estos espacios son de mucho aprovechamiento y crecimientos para los productores. Y hay una gran oportunidad de trabajar en acciones concretas como esta, que estén dirigidas exclusivamente a las mujeres. *NI*

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