21 de may de 2019

Historia de Mujeres 24/04/2019

*Confidencia antes de partir… Tercera  de cuatro partes   Por Dora Martínez Sí, tienes razón, tan tonta co


Por OFICINA | martes 23 de abril del 2019 , 06:08 p.m.

*Confidencia antes de partir…
Tercera  de cuatro partes
 
Por Dora Martínez
Sí, tienes razón, tan tonta como para permitir un embarazo y fallarme las cuentas, dijo en tono de melancolía.
Pero no se puede dar por terminada esta confidencia- dije retomando la plática- ¿Cuéntame de tu relación con Víctor?, dije en broma.
Sacó otro cigarro, se acomodó en la silla, mientras yo observaba que su semblante cambió cuando empezó a hablar de él.
Mira, tú sabes que desde  que lo conocimos en aquel evento, no me fue indiferente, a través del trato y de las oportunidades que tuve de trabajar con él se fue dando una bonita relación  y cada vez que nos reuníamos me sentía más atraída.
Pasaron los días y en una ocasión se animó a invitarme a comer, platicamos de libros, gustos, aficiones, proyectos y pasamos horas juntos; los encuentros se volvieron más frecuentes y nos hablábamos  con cualquier pretexto hasta que fue imposible controlar la atracción física y tuvimos encuentros sexuales varias veces.
No te voy a decir que lo amo o que estoy perdidamente enamorada de él, pero me seduce mucho su trato,- suspira-  me gusta mucho el juego amoroso, nos permitimos cosas que con nuestras parejas no hacemos, muchas cosas a las que se atreven los amantes, pierdo la voluntad en la intimidad…
Reí interrumpiendo su narración, lo bueno es que no estás enamorada amiga, ¿Te das cuenta?
Te prometo que estoy consciente que no, para mí lo más importante en la relación es mi autoestima, no pierdo de vista que lo más importante es cómo me siento. Me dice muchas cosas bonitas, por ejemplo que qué bonita me veo, qué rico huelo, que bonita lencería uso, qué bonita está mi blusa. y eso alimenta mi seguridad y mi valor como mujer;  qué diferencia con el  cavernícola de Alberto que se la pasa diciendo lo contrario…yo voy a buscar estar con quien me trate bien. Claro que no hay punto de comparación entre ser la esposa y ser la amante.
Sabes una cosa, nunca pensé que esas historias tan comunes del aburrimiento de tu pareja en el matrimonio fueran ciertas, y menos que eso orillara a una a buscar relaciones afuera, en fin… ahora veo que las causas pueden ser muchas.
Es evidente que a mi esposo ya no le gusto y que está interesado en otra persona, eso lo entiendo y lo acepto, y también acepto que de mi parte la relación con Víctor es puramente sexual, pasional, hasta le damos unas dosis de masoquismo que nos enciende. No es de amor, fidelidad, entrega y cursilerías.
Nosotros aprovechamos el tiempo juntos experimentando las mejores formas de hacer el amor, nos preguntamos si cada quien se siente complacido, satisfecho. ¡Ay dios! ¿Cómo me gusta ese hombre?, dijo casi entornando los ojos.
Recuperó su postura y siguió hablando. Lo que sí te digo es que no se va a enterar del embarazo. Hace exactamente siete u ocho semanas que estuvimos juntos y estoy segura que esa fue la tarde en que me embaracé, estuve un poco inquieta haciendo cuentas, y una semana después estuve con mi marido…¿no tengo vergüenza, verdad? Lo que sí te digo completamente convencida es que no me interesa tener un hijo de Víctor aunque tenga las características que mencionaste. - Soltó una tímida sonrisa.
Te oyes muy calculadora mi querida Aurora-le dije- pero no me convences y te conozco, tal vez no quieres decirme sobre los sentimientos que hay de por medio, me doy cuenta de la pasión con la que hablas de él, me parece que lo estás utilizando como hombre y te interesa corroborar que puedes enloquecer a un hombre por amor propio.
Pero, ¿no lo quieres ni tantito? ¿Te estás convirtiendo en una mujer fría y calculadora, siempre pensando en el plan perfecto para verlo? ¿O quieres adquirir experiencia y tener un colmillo en la cama?… soltamos unas carcajadas juntas.
Hubo unos momentos de silencio, recapacitó, pensó su respuesta y dijo:
Estoy actuando muy egoísta, estoy aprovechando la oportunidad de pasarla bien; oigo lo que quiero oír, estoy a gusto y motivada, de tonta me enamoro para sufrir. Quiero que con él predomine siempre la inquietud de la aventura, el deseo de estar siempre en la intimidad, las ganas de verlo los martes y vivir todo aquello que mantiene esta relación.
Lo más importante es que no deseo que un embarazo cambie este esquema. Ni modo que los engañe a los dos y le diga a Alberto que es hijo suyo y a Víctor igual. Definitivamente no puedo hacer eso. No soy tan deshonesta.
Era martes 13, momentáneamente pasó por mi cabeza la idea que era una fecha cabalística, ignoro si para bien o para mal; la mañana estaba húmeda y nublada. A las 6 de la mañana quedé en verla afuera de su casa, a las 7 era la cita en el hospital, así que tenemos el tiempo suficiente para llegar sin prisas a pesar del tráfico de esa hora.
Aurora salió con ropa holgada y cómoda, unos pants verde claro, tenis y una chamarra deportiva para protegerse del frío matinal. Durante el trayecto iba nerviosa, se acomodaba constantemente en el asiento, se revisaba el semblante y comentaba que se veía muy ojerosa porque no había dormido bien, jalaba su chamarra por debajo del cinturón de seguridad, preguntaba si se le notaba la panza de embarazo… observaba a la gente de los carros de al lado y hacía comentarios acerca de lo que iban haciendo -un poco para quitarse los nervios- unos se picaban la nariz, otros tomaban café, algún joven tamborileaba sus dedos en el volante siguiendo el ritmo de una melodía.
Observaba el atuendo de las mujeres que cruzaban la calle. Su vista se detuvo en una señora, miró  la prisa exagerada con la que llevaba a su hija a la escuela.  Mira -dijo- esa mujer lleva a su hija jalando como un papalote, hasta la bufanda le vuela, díganle algo, así no se trata a los niños, si va tarde seguramente es culpa de ella, exclamó. Yo no quiero verme haciendo eso…por eso no puede ser… yo que opino verdad si no tengo experiencia en niños, soltó una risa tímida con cierta tristeza, tal vez porque justo íbamos al lugar donde se esfumarían todas las ilusiones.
Llegamos al hospital y nuestros rostros se tornaron un poco tensos, nos dimos ánimos una a la otra; le hice la promesa que la esperaría al salir y le pedí que se relajara. Ella simplemente me prometió que saldría bien y de pie de ese lugar.
El hospital era bastante austero con pocas sillas en el área de espera, mismas que estaban ocupadas por personas que quizá pasaron ahí la noche.
Aurora se acercó al mostrador y preguntó por el ginecólogo el doctor Villanueva, le dijo a la enfermera que estaba citada a las 7 para practicase un  legrado.
Su nombre completo- preguntó la enfermera, y la hizo pasar a un cubillo separado por unas cortinas que casi habían perdido su típico color azul y dejaban traslucir la figura de Aurora, le dio una bata  y le pidió firmara una carta responsiva, le pidió mis datos que era la persona que la acompañaba y momentos después salió la enfermera a darme una bolsa con las pertenencias de mi amiga. La llevaron en camilla y no la vi por un rato.
Mientras tanto, salí del hospital a buscar algo de comer y un café para calentarme un poco, quitarme  el frío y los nervios, compré una revista. Regresé y me instalé en una de las sillas libres. Esperé por más de tres horas, por fin apareció la enfermera para decirme que todo estaba bien; una hora y media después de que había ingresado Aurora, me pidió la bolsa con la ropa, después la espera se me hizo eterna. Continuará...

 

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