12 de dic de 2018

CÁNCER DE MAMA METASTÁSICO. Porque cada minuto cuenta.

Por: María Camila Tabares Marín 74 años tenía mi abuela Nohemy cuando después de ir a su chequeo anual de mamograf


Por OFICINA | viernes 9 de noviembre del 2018 , 05:13 p.m.

Por: María Camila Tabares Marín

74 años tenía mi abuela Nohemy cuando después de ir a su chequeo anual de mamografía, le reportaron un nódulo en uno de sus senos. No pasaron muchos días para que fuera diagnosticada con cáncer de mama lobular, una enfermedad que empieza con el crecimiento anormal o descontrolado de células en las glándulas que producen la leche.

Hasta ese momento, mi abuela había sido una mujer muy sana. Le gustaba ir a la gimnasia con sus amigas, cocinar para sus hijos y nietos, y pasar las tardes tejiendo mientras veía sus telenovelas. Pero fue uno de los 1.3 millones de casos de cáncer de mama diagnosticados al año en el mundo, según la OMS

Aparentemente no había una causa directa para que desarrollara esta enfermedad. No sufría de obesidad, no fumaba, no ingería alcohol, no estaba en tratamientos que pudieran alterar sus hormonas, tuvo a sus cinco hijos en su juventud y los amamantó adecuadamente y no tenía antecedentes de cáncer en su familia. Quizá la edad era el único factor de riesgo que aumentaba sus probabilidades de aparición de algún tumor maligno.

Después de varios estudios, el oncólogo decidió hacerle un vaciamiento  ganglionar de axila y seno, seguido de algunas sesiones de quimioterapia. Nos explicó que el tipo de cirugía y la cantidad de medicamentos, dependían de las características y la respuesta que tenía cada paciente, así como del grado de avance en que estaba la enfermedad.

Como el tumor sólo estaba localizado en el seno y se trataba de un cáncer de mama local, se realizó en la cirugía una extirpación de la mayor cantidad de ganglios ubicados debajo del brazo y en la mama. Y en la quimioterapia, como tratamiento sistémico a modo de prevención, le aplicaron medicamentos vía intravenosa para acabar con las células cancerígenas que pudieran haber quedado en el resto del cuerpo.

Con la chispa y la vitalidad que caracterizaba a mi abuela, pudo completar su tratamiento sin perder su cabello ni bajar de peso, características muy comunes de quienes deben someterse a estos procedimientos.

Sin embargo, tras un año de estar en muy buenas condiciones de salud, en enero de 2014 presentó una tos muy fuerte y continua. Su neumólogo decidió hospitalizarla para tomarle algunas radiografías y un Tac de tórax. Allí encontraron imágenes anormales, por lo que le hicieron una biopsia y descubrieron que el cáncer de mama había hecho metástasis en sus pulmones.

Las probabilidades de desarrollar un cáncer de mama metastásico son muy variables. Pero le tocó a mi abuela ser parte del grupo de mujeres que pese a su diagnóstico temprano de células cancerígenas, estas se desplazan por el torrente sanguíneo o el sistema linfático y comienzan a afectar otras áreas del cuerpo.

Como consecuencia del estado avanzado del cáncer de mi abuela, el tratamiento tuvo que ser mucho más fuerte y representó un gran reto a nivel físico, psicológico y emocional, no sólo para ella, sino para toda su familia.

El cáncer, un desafío de vida

La tanatóloga Rocío Tello Zamorano asegura que México y en general Latinoamérica, tiene una educación de creencias limitantes en torno al cáncer, lo que complica más la enfermedad.

“Uno de los desafíos que tenemos que vivir al día es que en México no se trabaja el asunto de la muerte y a los pacientes con cáncer les ponen el calificativo de ‘pobrecito’. Pobretear es hacer pedazos la dignidad porque estamos diciendo que no va a poder con esta tragedia que la vida le está poniendo en frente”.

A muchas de las mujeres que tienen una pareja cuando les descubren un cáncer de mama, les cuesta no sólo la salud, sino la relación y la pareja. Esto se debe, según la experta, a que no cualquier hombre entiende lo que es el cáncer ni sabe acompañar en la transformación de la mujer.

“La mama tiene un significado muy trascendental en la vida de cualquier mujer, es lo primero que se empieza a desarrollar  en la adolescencia y lo que nos hace sentir atractivas. Es un órgano sensual pero también es un órgano de vida, de lactancia, de nutrición hacia los hijos, de identidad como mujer”.

Es por eso que a muchas mujeres les da pena y miedo cuando les mencionan una mastectomía. Al remover toda la mama para eliminar las células cancerígenas, ellas se sienten desprotegidas en su intimidad y sus parejas a veces no saben si tocarlas o acercarse y ellas.

En ocasiones, la posibilidad de revertir un cáncer se da bajo un tratamiento estricto y cobra un precio en imagen, en productividad o en la rutina de las mujeres. Y en estos casos es indispensable el apoyo de los seres queridos porque cada quien tiene sus propios miedos e inseguridades, y su mejoría depende mucho de con quién cuenta.

Los efectos psicológicos y emocionales del cáncer, asegura la tanatóloga, dependen del tipo de carácter y del momento de vida de la paciente: estén o no los hijos en casa, tenga o no pensión y servicio de salud adecuado, sea o no indispensable para la economía familiar.

“Es mucho más difícil una fase terminal para las mujeres que tienen hijos pequeños porque piensan en que no van a estar ahí para verlos crecer, servirlos, atenderlos, educarlos, disfrutarlos”.

En estos casos, resulta importante contar con el acompañamiento de un profesional. El coaching tanatológico por ejemplo, incluye una serie de estrategias para que el paciente se dé cuenta de las herramientas y recursos que tiene para tomar decisiones y confrontar su realidad.

A mi abuela yo nunca le tuve lástima. Siempre sentí gran admiración por su actitud positiva y por su ejemplo de vida. Ella tuvo una gran humildad para aceptar su enfermedad y enfrentarse a todo lo que vino después. Y nosotros, su familia, aplicamos la gratitud como la define la Doctora Rocío: “la memoria del corazón” para acompañarla en su proceso.

“Para mí el cáncer es un maestro y siempre le digo a mis pacientes: cuéntame qué te está enseñando tu maestro. Muchos me han dicho que la enfermedad les ha devuelto a sus familias, o les da el reconocimiento de la bendición que significa estar vivo, disfrutar, valorar y aprovechar o que tiene importancia”.

La Doctora Tello dice además, que las emociones son absolutamente contagiosas en una familia, y nosotros pudimos vivirlo. A pesar de la gravedad de su enfermedad siempre nos tuvo riendo a su lado con cada ocurrencia, corriendo a cumplir sus antojos y dándonos fortaleza cuando era ella quien la necesitaba.

Cuando su dificultad respiratoria empeoró y nos dimos cuenta que sus pulmones estaban llenos de líquido, su cuerpo alumbró como un arbolito de navidad. El neumólogo dijo que no había nada que hacer. Estaba invadida de células cancerígenas y la mandaron a casa con oxígeno permanente.

Recuerdo bien que en esa etapa de la enfermedad de mi abuela, se hizo estragos en tres semanas. Perdió su apetito, tenía náuseas, se cayeron sus cejas y sus uñas se pusieron moradas a causa de los químicos. Pero aun así, nos seguía pidiendo que le pusiéramos barniz y que fuéramos a comprarle albóndigas.

No estoy segura de que mi abuela entendiera bien su condición en ese momento. Ni siquiera nosotros. Enfrentarse tan de cerca a la posibilidad de la muerte de un ser querido nunca es fácil. Mucho menos cuando se sufre con su dolor y vuelven a ser como niños.

“Una de las cosas a las que más le tememos los seres humanos después de la muerte es a perder nuestra independencia: en la movilidad o en cualquier otro aspecto personal. Por eso este padecimiento requiere de una humildad absoluta, requiere que te dejes servir, que aceptes tu realidad”, dice la Doctora Tello.

Durante esas semanas mi abuela tuvo que usar pañal y nosotros la apoyamos para bañarla, peinarla, darle de comer y hacer lo que antes podía hacer por ella misma. Es por eso que en muchos de los casos de pacientes con un cáncer de mama metastásico, la familia debe poner en pausa su vida y sus proyectos personales. Todo depende de los lazos familiares y sociales que haya tejido a lo largo de su vida.

Mi abuela proyectó siempre mucha tranquilidad, y aunque eso no significaba que no tuviera miedo, me seguía sorprendiendo su fortaleza. Ante las preguntas por algún dolor o molestia solo decía “estoy cansadita”.

Hoy lo entiendo desde lo que asegura la tanatóloga: “el desafío del cáncer y los estragos del tratamiento hacen pedazos a quien no tiene buen equilibrio emocional. Y tienen un umbral muy diferente de dolor. Cualquier piquete los revuelca de dolor”.

El 18 de junio de 2014, a sus 76 años, mi abuela murió. Fue un proceso difícil, pero nos dimos cuenta que hubo tiempo para perdonar y pedir perdón, también para decir “te quiero”, que la vida tiene el valor que cada uno le otorga, que los recuerdos más especiales se construyen con muy poco y que como dice la Doctora Rocío Tello, no es lo mismo tirarte para que te levanten, que dejarte caer y fluir.

Los retos de las instituciones de salud

Un paciente con cáncer o con cualquier otra enfermedad, es una persona que está atravesando una etapa de vulnerabilidad por condiciones de salud. En ese sentido, no requiere de la compasión de quienes lo están atendiendo, sino de una escucha efectiva y de la certeza de un acompañamiento incondicional por parte del personal de salud en el proceso.

La actitud que toman las pacientes con cáncer de mama metastásico, también depende mucho del personal de salud que los atienda, porque una atención déspota y distante sólo muestra insensibilidad ante las condiciones ajenas.

Quienes atienden personas con este padecimiento se enfrentan al desafío de hablar con la verdad y ser claros, sin atentar contra la dignidad del ser humano que está al frente. De igual forma, hace parte de su profesionalismo, respetar las decisiones de la paciente y apoyarla de manera comprensiva en todo su proceso.

Ahora bien, el mayor reto al que se enfrentan las instituciones y el personal de salud, especialmente en México, es a invertir más en campañas de promoción y prevención, de modo que se pueda hacer un diagnóstico temprano de cáncer de mama y se puedan reducir los casos de diagnóstico en una etapa ya avanzada o metastásica.

Esto implica además, un fortalecimiento informativo a nivel familiar y social, así como mayores garantías de acceso gratuito a exámenes preventivos y demás servicios de salud.

Promover el autoexamen es una necesidad fundamental como primera oportunidad de detectar un cáncer de mama. Del mismo modo, desarrollar campañas constantes para que las mujeres se realicen la mamografía periódicamente y estén alertas a los signos y síntomas: cambios en la piel o forma de sus senos, hundimiento del pezón o secreciones anormales, así como masas duras en la mama.

Después de un diagnóstico tardío, el acceso a tratamientos y cirugías para contrarrestar un cáncer de mama metastásico, representa un obstáculo para muchas de las mujeres que deben enfrentar esta enfermedad.

Pese a que la mastografía es un estudio gratuito que revela anormalidades en el tejido mamario, los medicamentos y procedimientos para atacar un cáncer son muy costosos y no están al alcance de todas las personas diagnosticadas.

Además, se evidencia poca capacidad de respuesta en infraestructura, recursos humanos y equipo médico para controlar de manera óptima este padecimiento que ya considera como un problema de salud pública

Como consecuencia, en México según el INEGI, las tasas de mortalidad observadas por tumor maligno de mama han tenido una tendencia al alza en los últimos años, y ahora es la primera causa de muerte entre las mujeres mexicanas.

Falta trabajar mucho en educación en salud, especialmente para la población joven, así como identificar oportunidades de mejora en el control de esta frecuente enfermedad.

Signos de alarma de metástasis

El cáncer de mama puede desplazarse y afectar cualquier otra parte del cuerpo. Sin embargo, en los casos más comunes, la metástasis se da en los huesos, caso en el que se podría presentar dolor de huesos, espalda, cuello o articulaciones,  fracturas o hinchazón; en el cerebro, con fuertes dolores de cabeza, convulsiones, mareos o pérdida del equilibrio; en los pulmones, caso en el que comienza a faltar el aire o se presenta mucha tos. O en el caso del hígado, podría presentar color amarillo en la piel, sarpullidos o hinchazón del vientre.

También hay que estar atentas a signos irregulares como pérdida del apetito, dolores fuertes o hinchazón, porque detectar rápidamente los síntomas de una metástasis es ganar tiempo en el tratamiento de la enfermedad. El cuerpo es una máquina perfecta que se expresa cuando algo no marcha bien

El cáncer de mama en cifras

A nivel mundial, el cáncer de mama es el más común entre las mujeres y representa 16% de los tumores malignos diagnosticados.

69% del total de muertes por esta enfermedad se presentan en países en desarrollo donde la mayoría de los casos se diagnostican en fases avanzadas, dificultando su tratamiento exitoso.

Se estima que año con año se diagnostican 114’900.000 casos nuevos de cáncer de mama en México.

En México hay 16 defunciones por cada 100 mil mujeres de 20 años y más con cáncer de mama.

80% de las mujeres diagnosticadas se someten a cirugías y quimioterapia.

En las mujeres se observa el mayor impacto en comparación con los varones: dos de cada 10 fallecimientos femeninos por cáncer se deben a esta enfermedad; los datos de mortalidad entre los varones son marginales.

En el país hay dos fallecimientos por cada 100 egresos hospitalarios de cáncer de mama en mujeres entre los 20 a los 74 años de edad, y a partir de los 75 años, la cifra aumenta a tres de cada 100 egresos por esta causa.

Cada dos horas muere una mujer por este padecimiento en México y 90% de los casos detectados están en Etapa III y IV, donde se reducen considerablemente las probabilidades de supervivencia. *NI*

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