14 de nov de 2018

*65 AÑOS DEL VOTO DE LA MUJER EN MÉXICO.

Por: María Camila Tabares Marín América Latina ha sido históricamente escenario de subordinación y discriminaci&oa


Por OFICINA | viernes 19 de octubre del 2018 , 07:21 p.m.

Por: María Camila Tabares Marín
América Latina ha sido históricamente escenario de subordinación y discriminación para las mujeres, pese a sus constantes esfuerzos por participar en los procesos y posiciones importantes del poder político. La inclusión ficticia y la aceptación obligada, siguen siendo una forma de exclusión y un atropello a la democracia.
Es por eso que en todo el continente, las mujeres se ven obligadas a invadir plazas, calles y todo tipo de lugares públicos, con el propósito de ser escuchadas y sumarse en movimientos a la actividad política.
Pasaron muchos años antes de que en la esfera política mundial, las mujeres comenzaran a tener mayor presencia. Y esto se debe no a una falta de capacidades intelectuales o de liderazgo como antes se consideraba, sino al miedo de empoderarse y rebelarse contra el sistema patriarcal tradicional.
El reconocimiento de la ciudadanía en Latinoamérica para las mujeres, se estableció por primera vez en Ecuador en 1929, luego en Chile y Uruguay en 1931. Fueron los primeros pasos que mostraron una apertura cultural para la participación de la mujer en la vida pública.
Sólo hasta 1990 fue elegida por voto popular la primera mujer Presidenta en un país latinoamericano: Violeta Barrios de Chamorro en Nicaragua, que además pudo cumplir los 6 años que constitucionalmente duró su mandato. Ya antes en Argentina y Bolivia habían estado dos mujeres como primeras gobernantes, pero no por elección popular sino por procesos de asignación temporal, por lo que fueron derrocadas del poder.
2003 también fue un año definitivo en la geografía latinoamericana. Chile y Colombia tuvieron una mujer como jefe de las Fuerzas Armadas, Perú tuvo una como Primer Ministra y Panamá tuvo una mujer Presidenta.
Argentina fue el primer país en introducir las cuotas de mujeres en el ámbito político, con especificaciones sobre su colocación y mecanismos de sanción. Gracias a eso alcanzó en 2002 un 30.7 por ciento de representación femenina en la Cámara de Diputados y un 35.2 por ciento en el Senado. Y Costa Rica, tiene la cuota más alta de Latinoamérica: 40% de participación femenina.
Por logros como estos y pese a las dificultades que se siguen presentando por los roles de género, no se pueden desconocer los avances significativos en materia de derechos políticos para las mujeres, especialmente en México. El primero de ellos fue el reconocimiento de la dignidad política y ciudadana de las mujeres, que sucedió el 17 de octubre de 1953, cuando se publicó la reforma en el artículo 34 de la Constitución, para otorgarles el derecho al voto.
Es importante conmemorar este hecho, no sólo como una victoria de la justicia social tras la lucha constante de las mujeres, sino como forma de protesta por todo el tiempo que tardaron en obtener este beneficio.
Hasta hace 65 años, las mujeres en México no podían votar, trabajar, ni adquirir propiedades si no estaban casadas. Mucho menos pensar en participar como candidatas a un cargo político. Es decir, no eran consideradas ciudadanas plenas.
Históricamente, este ha sido un obstáculo a nivel político, social, cultural e institucional, que habla de una desigualdad estructural en México y que ha impedido la participación de las mujeres en escenarios de toma de decisiones y en la vida pública.
Afortunadamente, hoy las mujeres atraviesan una época que se caracteriza por la creación de instrumentos internacionales, federales, estatales y municipales que buscan garantizar el pleno cumplimiento de sus derechos. Además, se abre la posibilidad de cambios constitucionales y normativos que puedan disminuir la brecha de género.
En el año 2006 el Congreso de la Unión aprobó la Ley General de Igualdad entre Hombres y Mujeres, y en 2014, se realizó una nueva reforma constitucional para garantizar la paridad de género en las listas de candidaturas al Poder Legislativo, lo que representa un triunfo para la igualdad como para la democracia.
Esta es una acción afirmativa y una herramienta efectiva para garantizar el aumento del número de mujeres en el poder, pero sigue siendo una inclusión obligada. Por eso es indispensable trabajar desde el seno social en la garantía plena de los derechos para las mujeres y en una aceptación real de su rol para el libre desarrollo.
Según el centro de documentación, información y análisis del Gobierno de México, la participación femenina en la Cámara de Diputados es sólo del 23.2% y en la Cámara de Senadores es del 18%.
Esto es reflejo de que los sistemas democráticos no son suficientes para garantizar una participación plena de las mujeres en escenarios políticos y que la aceptación superficial de las mujeres no se traduce en condiciones de equidad.
Es decir, existe una conciencia colectiva de la desigualdad estructural y de la necesidad de abrir los sistemas políticos que las mujeres puedan participar, no los hace más justos desde una perspectiva de género.
Resulta muy importante el empoderamiento económico de las mujeres y el apoyo social, porque aunque existe el marco normativo y la estructura jurídica para ser candidatas, en México, como en muchos otros países de Latinoamérica, aún no se ha logrado que una mujer llegue a ser Presidenta de la República. Sin embargo, el 52% de la población del país la representan ellas.
Los retos siguen siendo enormes. ONU Mujeres apoya las reformas jurídicas en curso y la integración de las medidas de igualdad de género en todos los programas, planes y presupuestos nacionales.
El capital humano femenino se está fortaleciendo y potencializando. Las mujeres cada vez entienden más la importancia de educarse para reducir brechas de género y esto ha permitido su participación en espacios que antes eran inimaginables para ellas.
Por eso se necesita fortalecer el liderazgo de las mujeres, sobre todo de quienes se dedican a la política o quienes emprenden acciones concretas en función de sus comunidades, porque tanto México como toda Latinoamérica, siguen estando lejos de la igualdad política.
Hoy, hay más mujeres interesadas en participar en la política y es un momento crucial para vigilar y garantizar que su acceso se dé en condiciones de equidad para ver cambios reales más allá de los números. *NI*

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